
Teniendo en cuenta que el déficit fiscal consolidado va a llegar al 3,6% del PBI este año según el FMI, es necesario tomar medidas para que la situación no se vuelva peligrosa. Subir impuestos ya no se puede, bajar gastos es una muy buena idea aunque si el Estado es inteligente podría aplicar una reducción de impuestos que no sólo redinamize la economía sino que también haga crecer los ingresos. Según la curva de Laffer luego de un punto determinado de impuestos, el alza del mismo solo provocará una caída en la recaudación ya que el incentivo por producir se perdería. Un ejemplo: teniendo una tasa del 15% y 35% sobre la producción de harina, recaudaría lo mismo porque al bajarlo aumentaría la producción y recaudaría más y porque al subirlo baja la producción y en consecuencia la recaudación.
Si bien no soy muy amigo de las reaganomics y no es aplicable para todos los casos, es muy obvio que rebajar el IVA no se traduciría en caídas importantes de recaudación a largo plazo ya que el mismo aumento del consumo contrarrestaría el efecto. Lo mismo con las retenciones al campo, una drástica reducción que vuelva competitiva al maíz y al trigo ante la soja provocaría una rápida expansión de los cultivos, no sólo ayudando a toda la economía sino que también al aumentar su rentabilidad aumentarían sus inversiones y el pago por impuesto a las ganancias. Argentina necesita con urgencia una reducción del gasto público y de los impuestos sobre todo a la clase media y los sectores más dinámicos y prósperos de la economía.
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